Cuando consideran la vida íntimamente como un regalo de seidad para ustedes, ven cómo Dios valora su ser, su esencia, su creatividad. Dentro de cada aliento hay una corriente de santidad y perfección de Dios. Dentro de cada latido del corazón está el impulso del fuego del amor eterno de Dios, que se manifiesta como el resurgimiento de su identidad dentro de la gran totalidad del ser eterno de Dios. Y dentro de cada cavilación consciente y cada sentimiento afectuoso se encuentra la extensión de la esencia de Dios, que se permea a través de su consciencia, a través de su vitalidad, a través de lo que anima su ser en cada momento.
El don de la vida de verdad el regalo del amor del Creador dentro, alrededor y a través de ustedes. Cuando nutren esta vida, cuando permiten que fluya, sea, se mueva, cante, baile y trabaje su obra perfecta dentro de su ser eterno, entonces la vida misma puede no ser tan difícil o pesada. Porque todas las preocupaciones que ponen sobre sus hombros por sus elecciones conscientes —inconscientes— pueden disolverse en un instante. Cuando consideran el contexto más amplio de lo que son, el ser superior que son como parte de un todo, y cuando sienten que esa totalidad se manifiesta en la esencia vital que constituye quiénes son, entonces la tristeza, las ansiedades y los deseos humanos que los agobian, se desvanecerán. Porque lo verdaderamente importante es la seidad de Dios en su interior.
— Madre María, Luz en el Sendero